Zelaya teme que lo asesinen en Honduras

El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, denunció el miércoles que el Gobierno de facto quiere asaltar la embajada de Brasil para asesinarlo, mientas sus partidarios preparaban protestas desafiando el tercer día de toque de queda en el convulsionado país.

Cientos de efectivos de las fuerzas de seguridad mantenían rodeada por segundo día consecutivo la sede diplomática y sus calles aledañas, donde Zelaya se refugió el lunes tras entrar en secreto a Honduras para intentar recuperar el poder.

El martes, cientos de seguidores del mandatario derrocado fueron dispersados violentamente por las fuerzas de seguridad de los alrededores de la embajada brasileña, lo que llevó a Brasilia a advertir que no tolerará que se viole la inmunidad de su representación.

«El plan es entrar y crear un conflicto y un magnicidio (…) Me informaron que había un plan para hacer parecer que me había suicidado en el momento del allanamiento», dijo Zelaya al canal 36 de la televisión hondureña.

El presidente de facto, Roberto Micheletti, ha asegurado que su Gobierno no planea entrar por la fuerza a la embajada, donde se alojan unas decenas de personas.

En Nueva York, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió el miércoles ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que la comunidad internacional esté alerta para asegurar la inviolabilidad de su embajada.

La vuelta del Zelaya, que llegó al país vía terrestre sin que fuera detectado por el régimen que lo derrocó hace casi tres meses por supuestamente violar la Constitución al querer forzar la reelección presidencial, agudizó la peor crisis política en América Central en décadas.

Micheletti, que se niega a negociar la vuelta de Zelaya al poder, ha pedido a Brasil que entregue al mandatario depuesto para ser juzgado por la supuesta violación constitucional y una serie de cargos de corrupción, o que le dé asilo y lo saque de Honduras.

En Tegucigalpa, partidarios de Zelaya salían a las calles en pequeños grupos exigiendo la reinstauración del presidente, depuesto el mismo día en que planeaba realizar una consulta popular que abriera paso a la reelección presidencial, algo que sus detractores vieron como un intento de imitar a su aliado venezolano, Hugo Chávez.

Tras 36 horas de toque de queda, el Gobierno de facto suspendió por algunas horas el estado de excepción para que la población pueda proveerse de víveres y gasolina, pero advirtió que la policía reprimirá a quienes se reúnan en grupos de más de 20 personas.

EMBAJADA SITIADA

Durante la noche, helicópteros sobrevolaron la representación diplomática brasileña, cuando también se escuchaba un ensordecedor sonido emitido por un dispositivo utilizado por la policía durante operaciones de represión, dijo un testigo de Reuters dentro de la embajada.

En declaraciones a periodistas antes de la apertura de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, Chávez describió el retorno de Zelaya a la capital de Honduras esta semana como de un valiente.

«Naciones Unidas debe pronunciarse para que sea instalado Zelaya en el Gobierno de nuevo», dijo Chávez.

Zelaya desestimó un ofrecimiento de diálogo lanzado por Micheletti el martes, aunque dijo que contactó a personalidades para que sirvan de comunicación con el Gobierno de facto.

«Con todo gusto en el momento que haya voluntad nosotros vamos a iniciar este proceso (de diálogo)», dijo Zelaya.

Micheletti dijo el martes a través de su canciller, Carlos López, estar dispuesto a dialogar con Zelaya, pero aseguró que una negociación no incluye el retorno del mandatario derrocado.

Honduras planea celebrar comicios presidenciales en noviembre; pero la comunidad internacional, que ha aislado política y financieramente a Honduras, advirtió que no reconocerá al triunfador de las elecciones.