Ardy desplaza a Lucy en cadena evolutiva

«Lucy» la mujer africana que vivió hace 3.2 millones de años dejó de ser nuestro primer antepasado en la cadena de evolución de los primates, ahora se conoce que es «Ardi» otra mujer africana de 120 centímetros de altura y que habitó en las zonas boscosas, hace 4.4 millones de años, en lo que hoy es Etiopía, el primer antepasado del hombre.

Los estudios realizados señalan que los Ardipithecus ramidus, especie a la que pertenece «Ardi» tenía la habilidad para trepar en cuatro patas a lo largo de las ramas de los árboles, al igual que lo hicieron algunos simios, pero al mismo tiempo podían caminar erguidos, lo que índica que éstos hallazgos podrían modificarán la concepción en la evolución humana.

La revista Science da a conocer este día, desde Washington, los resultados de una investigación colegiada de 47 científicos de universidades y centros de investigación ubicados alrededor del mundo, en la que se describe el entorno en el que habitó Ardipithecus, las partes específicas de su anatomía y los nuevos hallazgos en las investigaciones sobre la línea de evolución entre los homínidos y los simios africanos.

Hasta ahora «Lucy» había ocupado un lugar privilegiado en nuestro árbol genealógico, luego de ser exhumada hace casi 35 años en las colinas etíopes del Afar (el 24 de noviembre de 1974) y a cuyo fósil de homínido más famoso se le otorgó el título de ancestro más lejano de la Humanidad.

En la investigación que se da a conocer ahora se señala que el último antepasado común compartido por humanos y chimpancés vivió hace seis o más millones de años. Aunque Ardipithecus no es el último antepasado común, probablemente compartió varias de las características de este antecesor.

Como comparación, Ardipithecus es más de un millón de años más antiguo que «Lucy», el esqueleto parcial femenino que pertenece a los Australopithecus afarensis.

A través de un análisis realizado a los restos disponibles de «Ardi»: cráneo, dientes, pelvis, manos, pies y otros huesos, los investigadores han determinado que Ardipithecus tenía una mezcla de rasgos «primitivos» compartidos con sus predecesores, los primates del Mioceno, y rasgos «derivados», que comparte exclusivamente con homínidos posteriores.

Sin embargo, varios de sus rasgos no aparecen en los simios africanos de la época moderna. Por consiguiente, «una conclusión sorprendente es que es probable que los simios africanos hayan evolucionado ampliamente desde que compartimos ese último ancestro común, lo que convierte así a chimpancés y gorilas vivos en pobres modelos para el último antepasado común y para entender nuestra propia evolución desde ésa época», señala la presentación preliminar de reporte.

«En Ardipithecus tenemos una forma no especializada que no ha evolucionado mucho en la dirección de Australopithecus. Por lo que cuando vas de la cabeza a los dedos del pie, lo que ves es una criatura mosaico, que no es ni chimpancé, ni es humano. Es Ardipithecus», dice Tim White de la Universidad de California Berkeley, quien es uno de los principales autores de la investigación.

«Con un esqueleto tan completo, y con tantos otros individuos de la misma especie en el mismo horizonte temporal, podemos realmente entender la biología de este homínido», señala Gen Suwa de la Universidad de Toxio, paleoantropólogo del Proyecto y también uno de los principales autores de Science.

«Estos artículos contienen una enorme cantidad de datos recolectados y analizados a través de un importante esfuerzo internacional de investigación. Ellos abren una ventana a un periodo de la evolución humana de la que hemos sabido poco, cuando los homínidos primitivos estaban estableciéndose en África, poco después de separarse del último antepasado que compartieron con los simios africanos», dijo Brooks Hanson, subeditor de ciencias físicas de Science, la revista científica con más renombre en el mundo.

Este individuo, «Ardi» era una hembra, que pesaba alrededor de 50 kilogramos y medía unos 120 centímetros de altura.

En general, los hallazgos sugieren que los homínidos y los simios africanos han seguido, cada uno, diferentes senderos evolutivos, y que ya no podemos considerar a los chimpancés como «reemplazos» de nuestro último antepasado común.