El Hutchins Consort, octeto de cuerdas del sur de California, acudió al FAOT 2010 dispuesto a divertir al público de Álamos gracias a su “Música de los californios”.
Con las 32 cuerdas de sus ocho violines arrancó sin cesar aplausos entusiastas y aun carcajadas para cada una de las piezas que ejecutaban en los violines diseñados y construidos hacia 1955 por el laudero Carleen Hutchins.
Se trata de instrumentos que exploran y explotan el rango entero de sonidos que puede producir un violín, desde el violín sopranino, afinado una octava arriba del violín normal, hasta el violín bajo, afinado una octava más grave que un violonchelo.
Por la naturaleza misma de dichos instrumentos, las técnicas habituales de ejecución han debido ser adaptadas –o incluso inventadas– a fin de dominar estas creaciones del doctor Hutchins; de igual modo, la mayoría de las obras que interpreta el grupo son arreglos hechos especialmente para tan singular dotación, ya sea por sus integrantes o por su compositor residente, Fred Charlton, miembro también del ensamble.
Las cuatro mujeres y cuatro hombres que conforman el octeto se hicieron acompañar para su presentación en Sonora por Lauren Smith, bella soprano de color que acentuó aún más el desenfado e informalidad del grupo con su vistoso atuendo y desparpajada actitud.
Ella interpretó con soltura obras como la Bachiana Brasileira Núm. 5 de Villa-Lobos, el aria “O mio babbino caro” de Gianni Schicchi de Puccini, las Canciones españolas de Obradors, y el bloque de tres canciones tradicionales californianas que dio título al programa.
En estas melodías provenientes de la Alta California se advierte claramente su origen mexicano (hay que recordar que no fue sino hasta 1848 que México perdió dicho territorio) y su filiación como música de salón, especialmente las dos primeras: “Las blancas flores” y “Los celos de Carolina”.
La última, titulada “Los Yankees” expresa desde su título la transculturización sufrida por esta población de californios que de pronto se hallaron en tierra de nadie.
Las piezas instrumentales mostraron al Hutchins Consort dominando una amplia variedad de estilos y repertorio, desde la sobriedad de un preludio de Bach hasta una elaborada versión jazzística del “Summertime” de Gershwin (curiosamente sin soprano).
Pero sin duda los puntos culminantes del concierto fueron los espléndidos arreglos hechos al Fandango del padre Soler y a la famosa Rapsodia Húngara Núm. 2 de Liszt, sobre la que los músicos –anunciando el programa en un español tan titubeante como en el que cantaba la sensual Lauren–, no resistieron hacer referencia a la célebre fantasía animada de Bugs Bunny, y durante la cual el carismático director artístico, Joe McNally, paseó entre el público para mostrar el virtuosismo y agudeza de su violín.
El entusiasmo de los asistentes no podía menos que ir en aumento con las dos últimas interpretaciones del ensamble: “Ghost Riders in the Sky”, el famoso éxito de Stan Jones de los años 50 conocida en español como ”Jinetes en el cielo”, y otra rapsodia, esta vez la Bohemian Rhapsody de Freddie Mercury, ofrecida como encore.
Sin lugar a dudas fue una noche de gala singular para el Festival y una exitosa presentación para el grupo invitado, a juzgar por la risueña “californización” que se advertía en todos los rostros al salir del Palacio municipal.





