Por Elizabeth Estrada
“San Lunes” y sí, sobre mi escritorio se apilaban un enorme legajo de papeles..sin embargo ahí, en la biblioteca de Tec Milenio, se desarrollaba un evento que jalaba mi atención. El papeleo me guiñó un ojo y me convenció a quedarme con él pero mi Pepito Grillo particular me empujó a, por lo menos, darme una paseadita y revisar como iban las cosas en la anunciada charla.
Crucé la explanada sintiendo como el frío se colaba por debajo de mi abrigo, así que me agradó el calorcillo humano del salón. Las mesas y sillas habituales se habían hecho un lado para permitir a los más de ciento cincuenta estudiantes y sus maestros, sentarse sobre la alfombra en completo relax, para escuchar al invitado del día.
Mientras un público expectante aguardaba se afinaran los últimos detalles técnicos, Gastón Pavlovich Rodríguez, guionista e impulsor de la película mexicana “El Estudiante” charlaba con Yael, la directora, justo en el centro del salón. Era mucho más joven de lo que me había imaginado y emanaba sencillez por todos los poros. …me acordé de aquello de que hay oportunidades que se te presentan solo una vez en la vida y…, bueno, corrí a dejar mi abrigo a la oficina y a redireccionar el teléfono para disponerme a participar en la reunión.
Regresé unos minutos después.., sin embargo el orador aquel ya tenía a su auditorio en un puño: cientos de ojos seguían sin pestañar sus desplazamientos y el hilo de sus ideas, y los únicos sonidos los provocaban quienes, como yo, se integraron tarde al evento y buscaban su lugarcito aunque pisaran piernas y manos.
Me colé entre la concurrencia deseando pesar diez kilos menos para transitar más discretamente; pero mis “hados” particulares entraron en acción y encontré un huequito donde acomodarme con el enorme ventanal de fondo.
Una de mis alumnas me había insistido una y otra y otra vez en que viera la película; cuando en las vacaciones de fin de año programé ir al cine y terminé en el hospital pensé que el proyecto había abortado. No conté con la astucia de mi retoño menor que una noche me llamó muy ufano y me dijo: “¿A que no sabes que película acabo de rentar?”…Y así fue como pude ver El Estudiante y constatar las sabias palabras de Ana, mi alumna: “…te deja con una sensación agradable, dulce”….algo que digamos, no sucede, con la gran mayoría de las películas actuales….pero escuchar la historia detrás de la historia dio a la experiencia otra dimensión.
“El Estudiante” nació de la indignación de Gastón ante un cine mexicano empeñado en presentar solo los aspectos más negativos de nuestra cultura so pretexto de que “eso es lo que el público quiere ver”. Esa indignación le llevó a enfrentar a uno de los “pesos pesados” de la industria y a preguntarle, cara a cara, porqué no se producían películas con un mensaje positivo…Dio su respuesta con ese aire de quién todo lo sabe y lo ve…bueno, por lo menos así me lo imaginé: “Porque al público no le gustan, no venden”. Fue así como Gastón se comprometió a mostrar lo contrario, realizando una producción con un mensaje y visión distinta.
El único problema es que no tenía ni experiencia, ni conocimientos, ni dinero…es más, ni tiempo para sacar el proyecto adelante…solo el compromiso de aportar su granito de arena para “cambiar el mundo”.
Primero se enfocó en cuál podría ser la historia a relatar; en esa época releía El Quijote de la Mancha y en más de alguna ocasión se había preguntado cómo sería el Quijote si viviera en la actualidad…ese podría ser un buen tema. Luego lo aderezaría con recuerdos personales de su época estudiantil, anécdotas de sus abuelos maternos –“Sirenita” era el mote con el cual su abuelo llamaba a su abuela- y hasta de su charla con quién le brindaría el primer apoyo económico: Lorenzo Servitje, el fundador de Bimbo.
Robándole tiempo al sueño, al descanso y a la familia un día se encontró con un guión en la mano, uno que cumplía con sus expectativas pero también levantó comentarios positivos de personas consultadas. Aquello era apenas el principio, todavía faltaba un director, un equipo técnico, un casting para seleccionar actores y un etcétera larguísimo de cuestiones, que para él, totalmente ajeno al mundo del cine, pertenecían a algo así como “un mundo alterno”.
Un amigo le recomendó entonces a un inexperto pero muy talentoso joven recién egresado de sus estudios de cinematografía en la Universidad de Vancouver en Canadá, Rioberto Girault y con él comenzó a conformar un equipo con algo en común: “hambre de cambiar las cosas”.
Cuatro años y medio después de haber asumido el reto aquel, Gastón, ahora con el apoyo invaluable del joven director, encabezaba ya un equipo de 130 personas listas para iniciar la grabación. Había un pequeño problema, una minucia cualquiera: el dinero disponible solo garantizaba unas dos o tres semanas de grabación. Sin embargo era el momento de las decisiones definitivas, seguir adelante y dejarlo todo – incluso una envidiable posición en el gobierno federal- o simplemente claudicar. “Ahora o nunca” se dijo Gastón.., renunció a su empleo y partió con toda su gente a la ciudad que más exalta la figura del Quijote: Guanajuato.
Para esas alturas, acá “la copechi” había tirado por la borda su elegancia natural y se había instalado en posición de loto sobre la alfombra; luego, cuando se dio cuenta de la riqueza de la historia y de la imposibilidad de que su cabecita loca guardara tanta información, exigió una pluma por aquí, una hoja por allá, algo en que recargarse más allá para llevar registro puntual de cuanto ahí se decía. Una idealista empedernida no podía permitirse perder ni una palabra de aquella charla.
Curiosamente, Jorge Lavat fue el último actor en integrarse al grupo; y es que a pesar de cientos de entrevistas y castings el sonorense no encontraba a la persona que cumpliera fielmente su idea de cómo debía ser El Quijote. Cuando se citó con Lavat en un restaurante para una entrevista, lo vio de lejos y de inmediato se dijo: “Ese es mi Quijote”…y él fue.
Mientras tanto el salón iba llenándose más y más, era como si el aire se hubiera llenado de un encanto especial que atrapaba a aquel –o aquella- que osara asomar las narices al recinto. Todos se quedaban, nadie salía, los murmullos eran escasísimos y solo una voz dominaba el salón. Me acabé una hoja, seguí con la siguiente y con la pena pero tuve que solicitar una tercera…pero ahí estaba, tratando literalmente de memorizarme aquella historia.
Hubo una anécdota que definitivamente me impactó: 130 personas, llenas del deseo de cambiar las cosas, arrodilladas en una plaza guanajuatense pidiéndole a Dios su ayuda para poder sacar el proyecto adelante….Y Dios, definitivamente, los escuchó: cada semana Gastón viajaba al DF con el avance de la filmación en la mano para tocar puertas y buscar apoyos que le permitieran continuar: “Los veía a los ojos, les decía que íbamos a cambiar la historia y a iniciar una nueva época del cine mexicano”…y cada semana regresaba con sus compañeros con el dinero suficiente para una, dos o tres semanas más.
Un buen día no hubo suerte y regresó a Guanajuato con las manos vacías. Hablaron con aquel equipo talentoso e idealista y les plantearon la situación: si alguien decidía irse, podía hacerlo sin problema. “Todos se la jugaron” recuerda hoy el novel guionista, a grado tal que quienes pudieron buscar la forma de disponer de algún dinero –empeñando sus carros o sacándolo de la tarjeta de crédito- integraron un fondo para apoyar a quienes, por su condición personal o familiar, requerían de recibir un ingreso, aunque fuera mínima. La voz de Gastón muestra, en ese momento, todavía un dejo de incredulidad y una profunda gratitud ante la solidaridad mostrada por aquel grupo humano ante la situación.
Terminaron la filmación y luego la pos producción logrando armar un rompecabezas y contar una historia llevando 30 horas de filmación a solo una hora y media. Luego vendría otro escollo: la distribución. Volvió con aquel titán del cine con el cual se había iniciado la historia a quién, a ojos vistas, le había encantado la película…pero no podía distribuirla: “…tocaste el tema del aborto y tomaste una decisión.., mis jefes en Nueva York no me lo van a permitir”. Respuesta similar obtuvo en TODAS las compañías distribuidoras del país…
Finalmente tuvo que aceptar compartir la propiedad de “El Estudiante” con un banco y con ello allanar también el camino para su distribución; sin embargo la película llegó a la cartelera …para comenzar a desaparecer dos semanas después. No, ni pensar en una campaña de publicidad…entonces Gastón hizo algo increíble: “Envié un correo a dos amigos, platicándoles lo que estaba pasando y pidiéndoles su ayuda..ese correo le dio la vuelta al mundo y la gente comenzó a ir a ver El Estudiante”…
Ahí, con un ventanal como respaldo y una alfombra como silla cambié varias veces de posición tratando de no perder el estilo, pero a mi alrededor todo mundo estaba de lo más cómodo y total y absolutamente absorto en la plática..Lo mejor era hacer justo y exactamente lo mismo.
La promoción boca a boca fue tan exitosa que logró romper el veto que por 37 años mantuvo Televisa contra Jorge Lavat, todo porque Doña Naydin Jean, madre del presidente del consorcio televisivo Juan Emilio Azcárraga, vio la película y se decidió a apoyarla. Joaquín López Dóriga la brindó espacio y Jacobo Zabludobsky hizo otro tanto…”El Estudiante” había triunfado.
No solo eso, logró el tercer lugar en el Latin Festival Film de Chicago, un evento en el que participan cien producciones latinoamericanas y españolas y con ello abrió la llave de la internacionalización.
Hoy Gastón está listo para filmar la versión estadounidense de El Estudiante y trabaja en tres proyectos más de producciones bajo la misma línea, mientras otros más han tomado su ejemplo y se disponen a trabajar en el mismo sentido…Todo indica que la tenacidad y la visión de Gastón Pavlovich Rodríguez hizo lo que parecería imposible: mostrar que el cine con mensaje positivo SI VENDE.
Profundamente conmovidos y motivados por la historia, los jóvenes estudiantes se acercaron, al final, al expositor; unos tenían preguntas, otros comentarios, otros solamente un autógrafo o una foto…..Entumida y todo no me quedó duda de que una semilla se había sembrado en ellos, la semilla de que todos podemos hacer algo por “cambiar al mundo”.





Enero 31st, 2010 at 3:07 pm
A mi no me gustó la película, me pareció aburrida, superficial, irreal, fresa… no aborda la problemática de una manera realista… está light y me parece que una visión tan fresa de la vida sólo puede venir de alguien que realmente no ha vivido lo que la mayoría de los mexicanos… la verdad a mi no me gustó. Se destaca la tenacidad de Gastón Pavlovich… eso siiiii. Pero espero que sus proyectos futuros sean mejores.