Cuantas veces nos hemos preguntado cómo puede progresar nuestro país, de qué forma se puede avanzar hacia la construcción del México que queremos. Cómo puede nuestro gobierno combatir el cáncer social que representa la corrupción.
Considero que antes de cualquier iniciativa, de cualquier idea, debemos tomar en cuenta que para lograr la nación que queremos, debemos ser ciudadanos dispuestos a asumir responsabilidades con nuestro propio país, dispuestos a pensar y participar, denunciar y transformar. En resumidas cuentas, a contribuir a buscar formas de fortalecerlo.
El país puede ser transformado a través de acciones colectivas, grandes y pequeñas de miles de ciudadanos entusiastas asociados con una gran idea. Por eso en días pasados, cuando escuché al Presidente Felipe Calderón presentando las nuevas iniciativas contra la corrupción, pensé que la solución a muchos problemas también está en las manos de cada ciudadano, en aquellos ciudadanos que están empeñados en serlo de verdad.
En México, desafortunadamente, existen malas costumbres que han echado raíces. La profundidad con la que ha penetrado la corrupción en nuestra sociedad es un problema que debemos abordar frontalmente y superarlo.
Las nuevas iniciativas contra la corrupción, entre otras cuestiones, plantean recompensas para los ciudadanos “honestos” y “comprometidos” que denuncien actos de esa índole. Actos que desafortunadamente lastiman a las familias que menos tienen. Cada vez que un servidor público recibe dinero indebidamente para otorgar un contrato, o bienes, o servicios, afecta a toda nuestra sociedad, y en especial a los ciudadanos más vulnerables.
La corrupción eleva los precios de los productos y servicios que adquiere el Gobierno, reduce la calidad de los mismos y esos costos se trasladan a los ciudadanos, quienes sufren, precisamente, la ineficiencia en muchos sectores, provocada, entre otras cosas, por la corrupción.
Es importante ver la corrupción como un fenómeno integral, en el que quien ofrece dinero, regalos o beneficios es culpable, como quien recibe ese dinero, los regalos o los servicios.
Donde existe corrupción, las autoridades no poseen legitimidad social, la población no puede acceder a la justicia y a los servicios básicos, los ciudadanos se ven forzados a acudir a mecanismos alternos, muchas veces violentos y eso genera conflictos sociales en un mismo círculo.
La iniciativa establece con claridad bases para que los ciudadanos presenten su denuncia, define los procedimientos de protección a los denunciantes, y prevé un mecanismo de estímulos económicos y reconocimientos a quienes contribuyan a identificar o a acreditar conductas corruptas.
Nuestro país solo será mejor cuando todos como ciudadanos renunciemos a la pasividad y nos volvamos responsables de algo, responsables de no permitir que alguien robe, se ausente, mienta, malverse los fondos en nuestro lugar de trabajo o en nuestra propia casa, y de esa forma no permitir que tampoco alguien lo haga con nuestro país.
Una sociedad que ve con normalidad los actos de corrupción, que los acepta, que los solapa e, incluso, que los promueve, es un caldo de cultivo para la delincuencia.
México merece servidores públicos honestos, ciudadanos honestos y empresas que actúen con total rectitud que nos alejen del cáncer que representa la corrupción.
davidfigueroao@hotmail.com


