Rebeldes sirios detienen a prisioneros del régimen en una antigua escuela

Los guardias aseguran que el trato que reciben los presos en estas instalaciones es mejor que el de las cárceles del gobierno

 

Los salones de una escuela primaria en el norte de Siria se han llenado, pero no con alumnos, sino con prisioneros que apoyan al gobierno, capturados por los rebeldes.

 

Al menos 40 hombres adultos se hallaban apiñados esta semana en un salón de una vieja escuela. Estaban descalzos, sentados en cojines frente al pizarrón. Tenían la cabeza rasurada y la mayoría ocultaba su rostro conforme los periodistas entraban en la sala, escoltados por hombres armados. Uno de ellos dijo: “Son shabiha”, en referencia a la temida milicia que apoya al gobierno.

 

Hace meses que los rebeldes sirios de la brigada Tawheed (que significa “unidad” en árabe) convirtieron esta escuela en un centro de detención improvisado que hoy aloja al menos a 112 personas. Los carceleros invitaron a los reporteros de CNN a visitar las instalaciones con la condición de que su ubicación exacta no fuera revelada por razones de seguridad.

 

El guarda de la prisión, un antiguo empleado del Ministerio de Agricultura que pidió ser llamado simplemente Abu Hatem, insistió en que las condiciones de la escuela eran mucho mejores que las de los centros de detención del gobierno. “Como verán, los prisioneros y los guardias comen lo mismo”, dijo en el recorrido a la cocina de la prisión, donde mostró unos huevos, un tazón de ciruelas y una olla llena de papas.

 

Sin embargo, durante breves encuentros supervisados con los prisioneros, se notaron señales de que algunos cautivos habían sufrido golpes y quizás cosas peores desde su captura a manos de las fuerzas rebeldes.

 

Uno de los prisioneros tenía los ojos tan hinchados y amoratados que apenas podía ver. No se sabe cuánto tiempo llevaba cautivo ni si sus heridas habían sido producidas durante la batalla.

 

Mientras mostraban a CNN las habitaciones donde se encontraban los presuntos miembros de la Shabiha, los guardias ordenaron a otro prisionero que se acercara y se quitara la camisa. El hombre se levantó y caminó cojeando hacia la puerta, incapaz de apoyar sus pies descalzos. Al quitarse la ropa dejó ver una intrincada red de tatuajes que le cubría el pecho y la espalda, lo que demostraba su apoyo fanático al gobierno sirio.

 

El cuerpo del prisionero estaba literalmente decorado con los rostros de los miembros del régimen sirio. En su pecho llevaba tatuado un retrato del difunto presidente Hafez al Asad, junto con dibujos más pequeños de los hijos de Hafez: Basil, quien murió hace años y Bachar, el actual presidente. En la espalda, el prisionero llevaba dibujados dos leones saltando —Asad significa “león” en árabe— y algunas frases en árabe que decían: “Siria-Bachar al Asad”, “Los hombres de al Asad” y “Saludos, Hezbolá”, haciendo referencia al movimiento chiita en Líbano cercano al régimen en Damasco.

 

Las decenas de cortes que atravesaban los retratos de Bachar y Hafez al Asad eran aún más perturbadoras. El guarda insistió en que sus hombres no habían torturado al prisionero. En lugar de eso ofreció una extraña sobre el torso dolorosamente desfigurado del prisionero.

 

“Confesó que cometió crímenes”, dijo Abu Hatem. “Así que se cortó a él mismo y quiso donar sangre a los rebeldes”.

 

“Tenía un nido, estaba a cargo de un grupo que aplastó las protestas. Estaba conectado con las fuerzas de seguridad y las agencias de inteligencia”, dijo Abu Hatem, y añadió que el prisionero había sido capturado la semana pasada por los rebeldes en Aleppo.

 

El líder de los guardas de esta prisión controlada por los rebeldes era un hombre grande que llevaba un arma al hombro sobre su galabiya (una túnica larga) gris. Pidió ser identificado únicamente por su sobrenombre: Jumbo.

(cnn)