Para quienes no conocen la palabra les informo que desdichado, infeliz, desgraciado, infortunado, nefasto, aciago, desventurado, fatídico y funesto son algunos de los sinónimos de la palabra infausto.
Viene el tema a colación ante la falta de oficio en la comunicación de algunas instituciones en el poder, ¿las consecuencias de esta falta de oficio? podríamos señalar muchas, la más reciente, la falta de aceptación de un programa de gobierno que si bien en esencia es vital para el desarrollo de Hermosillo, no se supo informar a la sociedad y a sus líderes, no se validó socialmente y ahora se invierten mayores recursos y esfuerzos en hacer lo que se tenía que hacer desde un principio.
Como éste caso hay varios en diversas esferas, tanto de gobierno como de la iniciativa privada, la comunicación es necesaria en todas sus vertientes para poder gobernar, en eso coincidimos todos, pero pocos actúan.
La comunicación social, entendida como una función política institucional, es una acción de gobierno prioritaria y fundamental, siendo los medios en todas sus manifestaciones el motor de dispersión de los mensajes. Esta acción resulta de mayor relevancia cuando el político aspira a trascender hacia otros niveles de autoridad superior. Por esa sencilla razón esta área de gobierno no resiste la improvisación ni soporta la inmovilidad.
Por desgracia, en casos recientes, lo que encontramos es precisamente eso que no debe suceder: inmovilidad e improvisación en grado superlativo.
Los nuevos operadores, novatos y con altas dosis de insensibilidad, operan a la inversa: en lugar de apertura, cerrazón; al diálogo responden con silencio; a la cortesía con desdén y a la fluidez informativa con discriminación y menosprecio.
Justifican su conducta señalando hacia arriba; se lavan las manos pero ensucian su conciencia y salpican la imagen a quien sirven.
La imagen pública es tan fácil de destruir y tan difícil de construir que por ello no se entiende la pasividad ni la tolerancia ante el error evidente señalado de tantas formas. Los periodistas no queremos recibir el reclamo justificador de esa pasividad: “ustedes no dijeron nada”, es por ello que lo volvemos a expresar.
Ante el desdén alzamos la voz; frente al desprecio institucional unimos fuerzas; contra la conjura de la cerrazón informativa ejercemos el periodismo en libertad y la crítica con responsabilidad; no discriminamos fuentes ni les cancelamos espacios, por el contrario retamos al debate, pero también ofrecemos y exigimos diálogo constructivo.
El político maduro acepta el error y sólo algunos tienen la inteligencia suficiente para corregir rumbos y modificar conductas. Sacudir el árbol, aún al principio, es una excelente medida que ayuda y no perjudica; que restaura la confianza y no genera alejamiento; ratifica la amistad y destierra la inquina.
Lo que ahora se práctica como política de comunicación social se circunscribe a un diálogo de sordos y es bien sabido que en ese tenor todos hablan pero nadie escucha. Hay autoridades que por más que dicen sólo exponen su propio silencio y eso lo consideran comunicación social.
Este es un momento infausto en las relaciones gobierno-medios de comunicación.
Y estas líneas son para uno, pero se aplican a todos.
Esperemos que lo entiendan quienes tienen aspiraciones políticas, cuyas posibilidades se debilitan día a día por la mala comunicación.
Lo gratificante es que los medios seguiremos al pie del cañón tratando de ser el puente de comunicación que la sociedad require, el paso de los políticos es efímero.
Gracias por su atención y tiempo, y ¡por favor! sonría, recuerde que podría ser peor.

