Adicciones de nuestro tiempo: Las selfies

El abuso de filtros en las selfies se ha ligado con un padecimiento llamado  trastorno dismórfico corporal (TDC).

Por Raquel Torres Peralta

 

raquel-torres-smllSelfie: Un autorretrato, normalmente tomado con una cámara digital o teléfono celular, que es compartido en las redes sociales. El término fue la palabra del año en el 2013 y es asociado a las nuevas generaciones como si fuera exclusivo de las tecnologías actuales, pero las selfies no son cosa nueva. Vincent van Gogh pintó más de 30 autorretratos entre 1886 y 1889.  Frida, pintó 151 cuadros en su vida, de los cuales 55 son autorretratos. Rembrandt, pintó casi 100 retratos de sí mismo. Picasso y otros lo hicieron también en su tiempo, aunque en menor número. Aunque los autorretratos de estos artistas no están en la misma categoría de las selfies de hoy en día, no podemos ignorar el hecho de su existencia desde hace más de un siglo  El fenómeno de las selfies no es algo provocado por la tecnología, pero la accesibilidad de los celulares con cámara y la facilidad de compartirlo masivamente en redes sociales lo hace más notorio.

 

¿Por qué una selfie?

Según estudios de la Universidad Tecnológica de Dresden, una de las mejores universidades de Alemania, las selfies son tan populares porque el sujeto tiene el control de la toma (qué mejor que decidir dónde y cómo quiere uno salir en la foto). Otro de los hallazgos es que los hombres y las mujeres buscamos cosas distintas al momento de la selfie. Los hombres procuran tomarla para resaltar el lugar, procurando un entorno que deje por alto su hombría o poder adquisitivo, proyectándolo como un hombre exitoso que viaja, procura lugares exclusivos, tiene un carro deportivo o de lujo, etc. Para las mujeres, en cambio, el entorno no es tan importante como su físico. Ellas procuran salir con un cuerpo y rostro hermoso, y si una de las tomas convence, la comparten sin dudarlo aunque en el fondo salga el baño, el cuarto en desorden, u otros seres vivientes que no están en su mejor momento.

 

No hay filtro inocente

Tomamos la foto y en automático le aplicamos un filtro que nos afila la cara, nos agranda los ojos, nos aclara la piel y hasta nos quita unos kilitos de más. Una coronita de flores y ¡listo! No tiene nada de malo, o ¿sí? Sí.

En un reporte emitido por la RSPH (Royal Society of Public Health) y el Young Health Movement, se evaluó el impacto positivo y negativo de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes, siendo YouTube la de un mayor impacto positivo, mientras que Snapchat e Instagram los más dañinos, precisamente por su efecto en la imagen que se tiene de sí mismo a través de las selfies, los filtros y la respuesta de los seguidores (HT #StatusOfMind).

El abuso de filtros en las selfies se ha ligado con un padecimiento llamado trastorno dismórfico corporal (TDC), comúnmente asociado a un trastorno obsesivo o de ansiedad generalizada. Las personas que padecen TDC exageran su preocupación por algún rasgo en su físico que consideran un defecto, aunque esté dentro de la normalidad. Están obsesionados con su apariencia y buscan constantemente verse bien. El uso de los filtros no provoca la enfermedad, pero el ver que los demás constantemente se presentan en fotos sin arrugas, con una figura envidiable (muchas veces creada artificialmente con ángulos, luz y aplicaciones) y ojos grandes y claros les provoca un sentimiento de insatisfacción para con ellos mismos. Aún cuando la persona que publica la selfie no padezca la enfermedad, el uso prolongado de filtros le generará un descontento con su físico y no gustará de ver fotos espontáneas de otros usuarios donde ella sale gordita, despeinada, con manchitas en la piel y con ¡oh!, ojos normales.

 

¿Cuándo se es adicto?

La adicción a las selfies se discute entre los psicólogos desde hace unos años y aunque no se había llegado a un acuerdo para medir el grado,  se sabía que el criterio para determinar el nivel de dependencia era el número de selfies tomadas al día. Uno de los casos más famosos es el de un joven del Reino Unido, quien se toma 200 selfies diarias. Después de una terapia conductual ha visto mejora, pero aún está lejos de llevar una vida normal.

En India, el problema de adicción a las selfies ha captado la atención de la academia, la medicina y el mismo gobierno. Hoy existen programas para vigilar los hábitos de sus jóvenes y evitar que se vuelva una adicción. Awadhesh P Solanki, un médico psiquiatra de Calcuta, estudió a fondo la frecuencia con la que los jóvenes posteaban sus selfies y junto con otros 10 especialistas de varias universidades diseñaron una escala donde uno puede medir su nivel de adicción a las selfies, pero aún no está disponible, pues tienen que esperar a que salga la publicación para evitar plagios (oh, nuestro sistema de publicaciones académicas).

 

No es cuestión de autoestima

No hay pruebas concluyentes de que la toma frecuente de selfies tenga que ver con una baja o alta autoestima, sin embargo, sí tiene que ver con una personalidad extrovertida. En un estudio liderado por Agnieszka Sorokowska, de la Universidad de Dresden, concluyó que no es posible determinar la autoestima de una persona basada en el número de selfies que publica, pues se puede tener alta autoestima y negarse a publicar fotos de sí mismo para evitar críticas, así como alguien de baja autoestima pudiera ver las selfies como un método de autopromoción para coleccionar likes y sentirse valorado, alimentando su ego.

¿Por qué lo hacemos? Aún no hay una respuesta definitiva, pero el comportamiento puede tener varias causas y para cada individuo los motivantes son distintos.

Constantemente oigo la queja de que la tecnología nos está afectando, nos cambia, nos descompone; que si no hubiera celulares fuéramos mejores, pero ésta sólo ha cambiado las formas; nuestra naturaleza sigue siendo la misma.

 

Raquel Torres Peralta

@Rql_Torres

Doctora en Ciencias Computacionales

por la Universidad de Arizona

Profesora-Investigadora del

Departamento de Ingeniería Industrial de la

Universidad de Sonora