–PUNTO Y SEGUIDO– A reinventar el país… otra vez

El nuevo sexenio provoca sentimientos de esperanza y de incertidumbre, porque el pueblo de México vuelve a apostarle todo a una sola figura, a un solo hombre.   

Por Hilario Olea Fontes

No creo que exista alguna mexicana o algún mexicano de buen corazón que quiera que el país se hunda y que a todos nos vaya mal.

Estoy convencido de que aún aquellos de a pie más radicales, saben que si esto se descompone en materia económica y social, todos vamos a pagar las consecuencias.

Noto que en muchísima gente existe la confianza de que “las cosas van a cambiar”, y la traducción simple y llana es que haya mejores condiciones para todos: salarios, empleos, seguridad.

Sin embargo, en otro sector, también compuesto por muchísima gente, se nota la incertidumbre y el temor de que el nuevo gobierno federal abrace la filosofía de la “Revolución Latinoamericana” de Nicolás Maduro. La que propone al socialismo como rector de los designios nacionales.

Esa ideología que critica y sataniza al capitalismo, pero que en la práctica es abismalmente más agresiva en la generación de pobreza extrema.

Salga lo que salgare (como dijera el maestro Chava Flores), lo único seguro es que a partir de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, la nueva clase política intentará reinventar el país según sus convicciones. Y eso, queridos hermanos, nunca ha sido bueno.

México no necesita un mesías o un tlatoani. Lo que se requiere es un dirigente que sepa trabajar en equipo con su gente y con quienes conducen las riendas de los diferentes sectores; un gobierno que permita la libertad de expresión y la autonomía de los poderes; un régimen que no pretenda imponer su voluntad a costa de la represión; y sobre todo un presidente que trabaje en las coincidencias y no avive las diferencias.

Desafortunadamente hasta ahorita no se ha visto que exista voluntad política para buscar sacar lo mejor de los mexicanos.

Con agendas populistas no lo vamos a lograr. No ha funcionado en ningún lado y no tiene porqué ser diferente en territorio nacional.

Ojalá que exista fortaleza en la sociedad civil organizada, en los empresarios, en los partidos políticos y sobre todo en los medios de comunicación para sostenerse en pie, en caso de que nos toque bailar canciones del estilo Silvio Rodríguez: cargadas de mucho sentimentalismo, pero que sólo sirven para esconder las atrocidades de una dictadura. Y peor aún si nos llegase a tocar ser los patrocinadores permanentes del club “Foro de Sao Paulo”.

Y en el mejor escenario, en el que se promueva un verdadero cambio nacionalista con la participación de todos los mexicanos, espero que todos podamos aportar, desde cada una de nuestras trincheras, acciones que beneficien al país.

Los que somos más realistas sabemos que todo lo que AMLO dijo que arreglaría a partir del 1 de diciembre de 2018 no será por arte de magia ni menos por un milagro. Incluso entendemos que mucho fue mera demagogia, porque así es el estilo mexicano de hacer campaña.

En vía de mientras, hagamos lo que está a nuestro alcance por mejorar la realidad en la que vivimos. Así como dice un pensamiento atribuido a Albert Einstein: “Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

 

PUNTO FINAL

Por lo pronto me despido, no sin antes anunciar la próxima publicación de la antología cultural “Me canso, ganso”, una recopilación del nuevo pensamiento motivacional mexicano en los albores de la Cuarta Transformación.

¡Chin pum pam, tortillas, papas!