–EL COBANARO– Las reumas del elefante

Pese a los esfuerzos que se están desarrollando desde el poder de ejecución de las acciones de gobierno, las instituciones se resisten a avanzar.

Por Octavio Almada Palafox

Desde el domingo pasado en una de sus giras en el interior de nuestro país el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador sacó a relucir una imagen peculiar que expresa, con mucho, una percepción de la forma en que el jefe del ejecutivo ve el interior de las instituciones de gobierno. Llamó nuestra atención la imagen por varios aspectos. Uno de ellos es el símil del gobierno como un elefante; otro de ellos es el incluir en la imagen, el término de un padecimiento, las reumas. Para cerrar la imagen el Presidente incluye el término: ¡Ayúdenme a empujar al elefante!

No es poca cosa el que se emita esta figura: Quiere decir que pese a los esfuerzos que se están desarrollando desde el poder de ejecución de las acciones de gobierno, las instituciones se resisten a avanzar. El gobierno es esa masa de instituciones que sirven para operar toda la actividad del gobierno, absolutamente toda, la actividad diaria, el estrato de atención, de funcionamiento en los sistemas, por ejemplo el de salud, el de seguridad, el de educación; además es también la fuente de creación puesta de operación de los programas sociales. Tenemos que imaginar una colosal masa de acciones que se desarrollan y que hay que gobernar sus ritmos, sus presupuestos, sus impactos y conexiones con los sucesos cotidianos. Tiene que imaginar usted cuántas veces en el día tiene algún contacto con el trabajo de las instituciones para medir el esfuerzo que se requiere para realizarlas, y no sólo ello, sino realizarlas lo mejor que se pueda.

Pues eso es lo preocupante, que el Presidente emita una apreciación sobre lo que está costando impulsar a las instituciones a la velocidad y el ritmo que pretende la IV trasformación. Seguramente su análisis de la situación es que observa morosidad, instituciones en coma, instituciones desfondadas por la corrupción, instituciones reumáticas, adoloridas por obsoletas, por anemia de voluntad, por la influencia misma de sus aparatos sindicales que recorre todo el aparato desde los estratos superiores hasta los que están en franco contacto con la realidad social. La imagen de reumas también cabe como descripción de que el elefante si quiere avanzar pero… ya no puede por el dolor de sus articulaciones de movimiento. Es decir, la movilidad de las instituciones está enferma, lenta, pesada.

La corrupción tiene un cuadro sintomatológico variado: el saqueo, por ejemplo que no sólo es la adquisición de un bien, uno que maneje la institución, fuera de la ley, pero bien insertado en el aparato, como una costumbre, como una droga para que Usted me entienda. La costumbre de robar, de dejar pasar irregularidades, de hacerse de la vista gorda, de callarse y de participar en el juego. Ya lo veremos con mucho detalle en la corrupción en el sector salud, y especialmente en el asunto de los medicamentos que se distribuyen por millones en todas las clínicas de las instituciones de salud.

Eso por un lado, otro es que el Jefe del Ejecutivo tiene una idea de gobierno y no la puede llevar a cabo con la presteza que desea. Su idea de transición está siendo saboteada por todos lados, la clase política adversaria se convierte rápidamente en enemiga de la transición, no le apetece, no le place, no le gusta Y es mal vista porque esa oposición esta criada en una costumbre de corrupción profunda y crónica, tan es así que la oposición cree verdaderamente que es la única forma de hacer las cosas; por eso vemos avances francamente ridículos en sus ataques. La oposición no está con la transición a la democracia Y el mejor ejemplo que los partidos opositores máximos tuvieron la oportunidad de confrontarse contra la corrupción pero no estuvo en su naturaleza hacerlo precisamente porque esa es su naturaleza. .las instituciones neoliberales son corruptas por naturaleza, su sangre no es su sangre propia, es sangre que obtienen de la desigualdad social, de la concentración de la riqueza en unos cuantos. Ese es su corto credo.

Es natural que el Presidente se tope con ese mal. Y es que las instituciones mexicanas, hay que decirlo crudamente, es un sistema de hábitos, de creencias, de reiteraciones y jerarquías, de reglamentos tácitos y explícitos. Y esos hábitos que han forjado las instituciones mexicanas desde hace varias generaciones son la obligatoriedad de ser corruptos, de adoptar todos los requerimientos que revientan el espíritu de las instituciones y las transforman el instituciones de un delinquir organizado. Obviamente no todos los trabajadores de estos aparatos están inmersos en esa hábitat pernicioso, pero si todos los estratos superiores. Por eso fingen estar enfermos de reuma porque no quieren dejar de tragar ajeno, de robar lo que no es suyo, los recursos públicos, además de sus salarios y prestaciones y de dislocar el objetivo de las instituciones.

Las instituciones mexicanas viven el drama de su reingeniería, la tragedia de un concepto trastocado de sindicalismo, la comedia de un discurso victimizante y la realidad de su equívoco. No se puede ocultar su morosidad, su resistencia a la transición al trabajo real. Reitero que no son todos los trabajadores de las instituciones, no, solo son aquellos que tienen el acuerdo negro de delinquir, de traficar, de mentir y de robar que son los suficientes como para tenerlas tan dañadas, tan enfermas, tan fuera de sus razones de ser.

Urge el activismo ciudadano para que las instituciones adquieran el honor de ser honestas, lo adquieran a la buena o con la ley. Ya basta. ¡Empujemos al elefante!

 

“El elefante de voluntad y la fuerza de su memoria, hará un pueblo más justo y democrático” – Octavio Almada

 

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