–DE PRIMERA MANO– Querido México de los setentas…

Es el México donde siete meses es muy poco para criticarle, pero tiempo suficiente para festejarlo y rendir un informe.

Por Francisco Javier Ruiz Quirrín

MÉXICO ya es otro con un Presidente como Andrés Manuel López Obrador. A los presidentes del llamado “periodo neoliberal”, corrupto, los mexicanos nos habíamos acostumbrado a no creerles ni los “buenos días”. Pero ahora, con este cambio de régimen, debemos imponernos al regreso al país de los sueños y los buenos deseos.

Primero, como la mayoría de los mexicanos tienen sus esperanzas puestas en este hombre que se esfuerza en hacer buenos a los malos y en pensar primero en los pobres, ¿también estaremos obligados a creer que su gobierno no se encamina a una dictadura, cuando acusa de “chantajistas legaloides” a quienes se atreven a seguir el camino del derecho para hacer valer sus garantías consagradas en la Constitución?

Y es un hombre humilde Andrés. Lo único que acepta que no ha avanzado en sus primeros siete meses en Palacio Nacional, son las estrategias para lograr disminuir los índices de violencia, “porque ésta última sigue tal y como nos la heredaron los regímenes anteriores”. No se atrevió -ni se atreverá por lo visto- a admitir que ha sido el México más violento en el inicio de un sexenio. Junio cerró con récord: 2,543 homicidios dolosos. Seguramente, el Señor Presidente tiene “otros datos”.

Plausible, desde todos los puntos de vista, sus llamados y propósitos de combate a la corrupción.

Se atrevió a decir que para diciembre venidero (Es decir, al cumplirse su primer año de gestión) desaparecerá todo vestigio de corrupción. El amiguismo, el influyentismo, el tráfico de influencias, “son cosas del pasado” asevera, en tanto los familiares de sus amigos continúan ocupando cargos públicos de primer nivel (La esposa de José María Rioboó es ministra de la Corte y la esposa de John Ackerman es secretaria de Estado; asesores del extranjero que vienen a nuestro país llevando la hoz y el martillo bajo el brazo comienzan a ser contratados y las designaciones de obras públicas sin licitación son el pan nuestro de cada día).

Quizá también porque amplios sectores populares siguen creyendo en él, habría que darle la razón cuando asegura que las becas otorgadas a jóvenes y adultos mayores deberían ser considerados como empleos, que unidos a los poco más de 300 mil que generaron los empresarios en el primer trimestre del año (la menor en un arranque sexenal), alcanzan el millón.

Aparte, no deberíamos de dudar que por decisión del pueblo “sabio” que otorgó su opinión en una consulta a todas luces ilegal, suspendió la construcción del aeropuerto internacional de la ciudad de México en Texcoco.

Independientemente de lo anterior, estaríamos obligados a aplaudir su afirmación de que quedó en el pasado la “guerra de exterminio” contra el crimen organizado, porque ahora, “ya no hay masacres” ni violaciones a los derechos humanos de parte del gobierno.

Y, desde luego, existe el temor de ser calificado como “enemigo y adversario fifí”, si alguien se atreve a opinar a favor de los derechos humanos de las víctimas del crimen organizado.

México, por lo que escuchamos ayer de labios del Presidente López Obrador, ya es otro. Un país donde la economía “va muy bien”, porque su moneda, el peso, “es la más sólida del mundo”; una nación que defiende contra cualquiera su soberanía aunque tengamos a nuestros soldados trabajando en el combate a los migrantes ante las “sugerencias” de Donald Trump.

Es un México de la “Utopía” de Tomás Moro. Es una bonita cadena de deseos. Es el México que poco apoco regresa a la década de los setentas, cuando la voluntad presidencial era la única orden y cuando la demagogia era una cartilla que todos leían y todos aprendían, so pena de pagarlo caro en caso de desobediencia.

Es el México donde el Presidente considera un festejo con gastos de más de varios millones de pesos entre artistas y cadena nacional de difusión de su mensaje, a pesar de rezar diariamente por la austeridad republicana.

Es el México donde siete meses es muy poco para criticarle, pero tiempo suficiente para festejarlo y rendir un informe.

 

EN SONORA hay algo más real… Esta mañana arribarán a la entidad los primeros coordinadores de la Guardia Nacional, con todo y que los alcaldes enchuecaron la cara cuando se enteraron que los gastos de la estancia de los soldados en sus regiones, se cargarían a sus presupuestos… Todos dicen: ¿Y de dónde?