–EL COBANARO– De las derrotas morales

¿Se puede derrotar moralmente a personas que no tienen moral, a personas que no se tientan el corazón para ser corruptas?

Por Octavio Almada Palafox

La moral. La definición: Moral viene de “moris”, costumbre. Las costumbres crean la moral, cierto. Hay costumbres de otras culturas que usted ve como inmorales, lo que sería incorrecto. Ellas mismas, las otras culturas, ven ciertas costumbres de nuestra cultura como inmorales, indecentes, como inadmisibles, incluso como atacables. En la antigüedad y no mucho antes, muchas guerras comenzaban por esta intolerancia de unas costumbres sobre otras. Así ha sido la historia de la humanidad. Guerras, costumbres, religiones estructuradas como moralidad, moralidades impuestas como verdades a sangre o a letra, a fuego o a fuerza de ley.

Esta semana tuvimos un refrendo de esta palabra acompañada de un contundente matiz: Han sido moralmente derrotados. Salió en voz del Presidente. ¿A quiénes aludía? ¿Cómo derrotados moralmente? Eminentemente no es una frase sencilla. Es una punta de iceberg que tiene, según este columnista, muchos significados, raíces e intenciones.

Los moralmente derrotados son, por supuesto, los corruptos, ese conjunto diverso y multifacético que engloba a empresarios, políticos, ideas, mañas, familias, instituciones, grupos de poder y por supuesto, costumbres, La costumbre de robar, de apropiarse, de intervenir en la imposición de leyes encubridoras (que por cierto es una costumbre muy extendida en los países), sumada a la costumbre de asesinar, de reprimir, de descalificas y discriminar.

¿Y por qué han sido moralmente derrotados, aquellos que de fondo son inmorales, es decir, contravienen cualquier código ético? ¿Se puede derrotar moralmente a personas que no tienen moral, a personas que no se tientan el corazón para ser corruptas? Es un dilema… porque es cierto, los grupos de poder no pueden tener moral, están vacías de ella.

¿Tienen moral cuando están pensando en cómo obtener más de lo que merece su trabajo? ¿Tienen moral cuando se ocultan en leyes y mañas de abogados para ocultar crímenes? ¿Tienen moral cuando con el dinero robado, sobre todo de los recursos públicos lo gastan en lujos idiotas, en fachas ostentosas y cuevas de hampones que cuestan cientos de millones de pesos? ¿Tienen moral cuando se saben manufactureros de un sistema que ha desgraciado la vida de millones? No, no tienen moral. Pero qué creen, ellos necesitan hacer creer que la tienen. Vacíos pero adornados de moralidad. Escuche discursos priistas o panistas. Vean sus rostros, su convencimiento, su iluminación de sujetos buenos y razonables. No esas personas son delincuentes. Pero se disfrazan como buenas personas para seguir en los cargos, para seguir viviendo su vida parasitaria. Son los primeros que se quejaron de la austeridad porque la vida honrosa no les va, no les cuadra, no es lo de ellos.

Pero hay personas que les creen y esas personas crédulas son su caldo de cultivo, por ello tratan día a día de refrendar su imagen ante ellos, haciéndolos creer que gozan del aval divino.

Y ese es el punto de su derrota, el exhibir su verdadero rostro de delincuentes, de voracidad, de gusto por la vida parásita. Y es el Presidente quien se ha encargado de exhibir hora tras hora, minuto tras minuto de su mandato, sus delitos, sus cuentas de robos, su promiscuidad con la delincuencia organizada, sus compras puercas, sus ocultamientos, sus costumbres de pirañas. Han sido desnudados todos esos que se presentaban bajo diseño y atestados con las heces del consumo. Ellos siguen vacíos de moral pero se les desfonda su capital humano de incrédulos: las victimas de siempre, los pobres, se van dando cuenta de quienes los saqueó, de para qué os saquearon y de las formas de mantenerlos en esa vivencia de ser saqueados. Y eso les preocupa. Por eso están invirtiendo millones para crear hordas de empleados en redes sociales para diseminar noticias falsas, para seguir pagando a ciertos medios para hacer creer que esta Presidencia es un fracaso. Esa es la oposición de hoy: desesperación y eso es desesperación peligrosa.

¿Por qué el Presidente ataja diciendo moralmente derrotados y no dice derrotados? Porque no están derrotados. Ahora en su desnudez impúdica están mostrando su toxicidad. Son gente peligrosa con el Jesús en la boca. Son gente de miseria moral con el abrazo traicionero. Y son muy peligrosos porque urdirán y urden delitos, conspiraciones y operativos para azuzar a personas de su misma frecuencia o avidez e ignorancia.

Y eso es lo que tenemos que observar los que estamos impulsando, asumiendo o de plano admirando el proceso de transición, su camino cuesta arriba, su camino minado. La transición debe ser detenida, esa es la consigna adversaria. La transición es peligrosa para ellos porque su manera de ser parásitos no va con el nuevo modelo gubernamental. Por eso tiene que detener la transición. Esa es su apuesta y así tenemos que adoptarla, en ese margen de peligrosidad. Incluso los adversarios van a negarlo y decir: ¿cómo pueden creer que nuestro objetivo es descarrilar la transición si es lo que México necesita? Pues pudieron hacerla pero no era lo suyo, lo suyo fue la alternancia, el “ahora me toca a mí robar”. Tuvieron bastantes años para detonarla pero no, simplemente no era lo suyo. Su moral no pasaba ni pasará por la transición. Porque la transición tiene un apellido: transición a la democracia y eso es ácido en la piel de los corruptos.

Por eso AMLO puede sentenciar que están moralmente derrotados pero avisa: ahí sigue el instinto depredador y tengan cuidado. Esta es una batalla y hay que matizarla, darle su color festivo y de lucha. Son ellos contra los que estamos en la transición. Sí, es una batalla de la que estamos viendo sus primeras páginas. Y hay que apretar, cerrar filas, concentrar energías, activar flojeras, patear sillones de confort en los que se están sentando ciertos aliados y compañeros. Esto no es tarea de un solo hombre. Parece, sí, parece, pero ese hombre trae la consigna y el alma de millones que han vivido moralmente limpios, trabajando sin abusar de los demás y sin robar.

 

«La moral con un ingrediente de humildad, se vuelve el corazón más sólido” – Octavio Almada

 

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