–DE PRIMERA MANO– Empieza a reprimirse la Libertad de Expresión

Si avanza esa represión, de manera muy rápida, a la vuelta de la esquina, nos estará esperando la dictadura.

Por Francisco Javier Ruiz Quirrín

NO SE ESTÁ descubriendo el café con leche. Hay algunos ejemplos de sanciones a quien se ha atrevido a criticar severamente al Presidente López Obrador.

Esta represión tiene por fuente el gobierno y va en relación directa al papel que juegan algunas empresas, muchas de ellas poderosas, con sus empleados, colaboradores o funcionarios que ejercen la crítica de manera cotidiana o que se atreven a hacerla aunque sea esporádicamente.

No se está descubriendo el café con leche porque en las épocas gloriosas del PRI y del PAN también se sentía dicha represión.

Quizá una diferencia importante estriba en la defensa que la empresa hace de su personal.

En las épocas pasadas tenemos algunos ejemplos de defensa por parte de directivos de empresas periodísticas, cuyos directores tenían por ley no escrita, que sus reporteros eran “intocables” por parte del gobierno.

Pero hoy las cosas han cambiado con la llegada de la “Cuarta Transformación”. Y llegaron para pasar de “Guatemala” a Guatapeor”.

Durante su sexenio, el presidente Carlos Salinas de Gortari soltó las amarras que muchos medios tenían con el gobierno y les mostró que si desean subsistir, tenían qué demostrar su utilidad a la sociedad.

Ahí se rompió una tradición de recibir un pago del gobierno para hacerlo intocable con los medios. A partir de entonces, el Presidente fue blanco de innumerables y muy variadas críticas, lo que era impensable con mandatarios como Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y Miguel de la Madrid.

La prueba más clara de esa apertura, fue el trato que recibió Enrique Peña Nieto. La prensa, al final de su sexenio, no dejó duda alguna de que se iba el Presidente más corrupto de la historia de México.

Ahora, con Andrés Manuel López Obrador en Palacio Nacional, los tiempos de Díaz Ordaz, Echeverría y De la Madrid y su relación con los medios de comunicación, altamente represiva, están de vuelta.

Lo peor de todo es que ese estilo o modo de ser se expande.

Primero se dio la renuncia de una piloto de una línea comercial por haber “posteado” una broma de mal gusto “sugiriendo” lanzar una bomba al zócalo para desaparecer al Presidente. La mujer publicó una disculpa, pero la empresa se preocupó más por quedar bien con Presidencia de la República y la cesó.

Hace unas cuantas semanas, se difundió un audio y un video donde el piloto Rafael Bolio, de Aeroméxico, dio la bienvenida al pasaje en el que se encontraba el Presidente López Obrador y, luego de destacar su presencia, se atrevió a decir que “ojalá y se convenza de elegir Texcoco como nuevo aeropuerto”.

AMLO, al bajar del avión, le respondió a Bolio sólo con una palabra: “Santa Lucía”. Ayer trascendió una carta dirigida a Bolio por parte de Aerovías de México, donde le solicitan un informe pormenorizado de su encuentro con el Presidente de la República, ya que la asociación de pilotos y su reglamento destaca ciertos comportamientos que pudieran comprometer el prestigio de la empresa.

Resulta más que evidente que ese capitán, Rafael Bolio, no tiene ningún futuro en Aeroméxico.

La represión a una garantía individual como es la Libertad de Expresión, tiene su origen en el poder público y la reacción por evitar que se le mancille, ha sido histórica en el México independiente desde hace 198 años en que se creó el nuevo estado mexicano.

En los últimos 25 años, nuestra patria ha tenido grandes avances en el clima de libertades ciudadanas que han propiciado una vida nacional más democrática y libre. Ahora, la regresión a un antepasado, se presenta ominoso.

El gran problema que origina una regresión para México y su gente, sería que la misma sociedad se agachara y sujetara a los deseos de la Presidencia que, ya sin ocultamiento alguno, desprecia a quienes no opinan o piensan como ella.

Si avanza esa represión, de manera muy rápida, a la vuelta de la esquina, nos estará esperando la dictadura.