De tiroteos escolares y lo que debemos aprender (2da parte)

Factores de riesgo en el ambiente social y familiar que todos requerimos tomar en cuenta para prevenir desgracias.

Por Dra. Raquel Torres

De niños dependemos de la cercanía de otros para sobrevivir. Conforme vamos creciendo, esa dependencia se va diluyendo, pero la necesidad de pertenecer a un grupo siempre está presente. Para un adolescente (de los 12 a los 19), las relaciones sociales y familiares son sumamente importantes, pues en esta etapa se aprende a conectarse con los demás, a ser productivo y a conducirse por la vida. Es también entonces cuando se está más susceptible al estímulo del exterior y cuando el riesgo de suicidio y tiroteos escolares está más latente.  En esta segunda parte hablaremos sobre las señales que indican un alto riesgo de suicidio en un adolescente o de efectuar un acto violento en su escuela o entorno social.

Somos criaturas sociales.

Es innegable. Y en la etapa de la adolescencia es cuando más convivimos con nuestros amigos. Estudios de la Universidad de Carolina revelan que el cerebro de los adolescentes responde con mayor intensidad (actividad neuronal) a los estímulos sociales (muestras de afecto, sonrisas, sus “likes” en redes sociales) y las encuentran altamente gratificantes. Es por eso que en esa etapa sus amigos llegan a ser lo más importante para ellos.  En este aspecto debemos procurar diversificar las amistades, que la convivencia sea con amigos que distintos grupos y que tengan distintas visiones de la vida.  Esto nos protege de vivir en una burbuja y nos proporciona un «chequeo de realidad», que nos proporciona el escuchar otras opiniones o percepciones distintas a la nuestra.

El entorno familiar también juega un papel crucial. Las dinámicas familiares son patrones de comportamiento, pensamiento, creencias, tradiciones, roles, costumbres y valores que existen en una familia. Cuando un estudiante lanza una amenaza (matar, golpear, etc.), el conocimiento de la dinámica dentro de la familia del estudiante – y cómo esas dinámicas son percibidas tanto por el estudiante como por los padres – es un factor clave para entender las circunstancias y las tensiones en la vida del estudiante que podrían jugar un papel en su decisión de llevarla a cabo.

 

El Centro Nacional de Análisis de Delitos Violentos en la Academia del FBI en Estados Unidos proporciona un detallado informe sobre las señales de alerta en un adolescente con un alto riesgo de suicidio o asesinato en masa. Las principales señales en el entorno familiar y social son los siguientes:

 

En la Familia:

Existe una relación turbulenta entre uno o ambos padres con el adolescente, quien no reconoce la autoridad en la casa. Esto es muy normal en la adolescencia, pero si se da junto con otros factores hay que poner mayor atención.

Los padres aceptan en su hijo conductas que otros padres pudieran considerar anormales o perturbadoras y responden a la defensiva cuando alguien hace algún señalamiento. Si son contactados por la escuela, tienden a minimizar y justificar sus acciones.

Acceso a las armas sin ninguna responsabilidad. Un adolescente no tiene la edad ni la madurez suficiente para portar un arma y por ningún motivo deben estar a su alcance.

Falta de intimidad. En la familia no hay cercanía ni apego, no hay expresiones de afecto y se trata a los hijos como individuos que ocupan una habitación y que eventualmente se irán. Esto se agrava cuando la familia se muda constantemente y no se pueden hacer lazos de amistad lo suficientemente fuertes para llenar esta necesidad.

Falta de límites. Los padres no imponen la disciplina que un adolescente requiere y ceden constantemente a sus peticiones.

Los padres ignoran con quien sale, con quien se relaciona en línea y en la vida real, y no tienen información sobre sus actividades y rutinas en la escuela, no por desinterés de los padres, sino porque el adolescente demanda un nivel de privacidad fuera de lo normal y los padres prefieren evitar la confrontación.

Los padres se intimidan con su hijo. Temen que los ataque verbal o físicamente, o prefieren evitar un episodio que altere el estado emocional del niño y desate una crisis que no sabrán manejar.

Los roles se invierten. El adolescente actúa con autoridad sobre los padres, mientras los padres obedecen a su hijo.

No hay restricciones para ver TV e Internet y no hay monitoreo de los contenidos a los que acceden. Normalmente los hijos se mantienen aislados encerrados en su cuarto sin convivir con el resto de la familia y amigos y no quiere ser molestado.

 

En el entorno social:

El adolescente tiene acceso fácil y sin monitoreo a películas, programas de televisión, computadoras, videojuegos y sitios de Internet con temas e imágenes de violencia extrema.

 

Grupos de amigos: El estudiante se involucra intensa y exclusivamente con un grupo que comparte una fascinación por la violencia o las creencias extremistas. El grupo excluye a otros que no comparten sus intereses o ideas. Como resultado, el estudiante pasa poco tiempo o no convive para nada con alguien que piensa de manera diferente.

 

Drogas y Alcohol

El conocimiento del uso de drogas y alcohol y su actitud hacia estas sustancias pueden ser importantes. Cualquier cambio en su comportamiento en el uso de estas sustancias también puede ser importante indicador de que algo está pasando.

 

Intereses 

Es importante tener en cuenta los intereses de un estudiante fuera de la escuela. Es un reto el estar enterado de lo que hacen los hijos o los alumnos, pero estos se reflejan en su comportamiento en casa o en el aula. Cuando hay tendencia a la violencia o aislamiento excesivo hay que intervenir.

 

El efecto Copycat

Los tiroteos en la escuela y otros incidentes violentos que reciben una intensa atención de los medios pueden generar amenazas o la intención de reproducir la violencia en otros lugares. El comportamiento de Copycat es muy común; la evidencia en Estados Unidos indica fuertemente que las amenazas aumentan en las escuelas a nivel nacional después de que un tiroteo haya ocurrido en el país. Los estudiantes, los maestros, los administradores escolares y los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley deben estar más atentos al observar el comportamiento inquietante de los estudiantes en los días y semanas, o incluso varios meses después de un incidente muy publicitado en otras partes del país.

Aproximadamente un 20% de los jóvenes asesinos en masa provienen de un hogar normal, funcional, sin violencia. Este dato es alarmante, y muy probablemente sus padres, amigos y maestros pasaron por alto las señales que pudieron haber dado aviso a tiempo para atender el problema y evitar la tragedia, pero no por esto se debe culpar a nadie. Un alto porcentaje hizo anuncio de sus planes y no hubo intervención ni de sus amigos o conocidos para dar aviso y prevenir el ataque o suicidio. Empecemos por informarnos.

Parte1: Señales de alarma en el adolescente http://www.ehui.com/2017/01/de-tiroteos-escolares-y-lo-que-debemos-aprender/

 

Raquel Torres Peralta

@Rql_Torres

Doctora en Ciencias Computacionales

por la Universidad de Arizona

Profesora-Investigadora del 

Departamento de Ingeniería Industrial de la

Universidad de Sonora