–ARCHIVO CONFIDENCIAL– Promocionan la confrontación…

Ni los pobres ni los ricos y los de clase media, han sabido vivir con zozobra.

Por Armando Vásquez Alegría

En materia de crisis de fenómenos naturales, los países que sufren mayores consecuencias siempre serán aquellos donde la pobreza comprende un porcentaje importante de su población.

No es de extrañar, toda vez que las cimentaciones de sus casas, de sus familias o gobiernos, no cuenten con estructuras fuertes que soporten los vendavales que enfrenten.

Con las pandemias es lo mismo. Aún hay quienes no creen que existe el coronavirus o piensan que con una infusión de canela se cura. Por eso a México le va a ir muy mal con la segunda y tercer ola de contagio. Si así y a como vamos, con seguridad rebasaremos los sesenta mil contagiados y siete mil muertes antes de tocar junio. ¿Qué será cuando el Susana Distancia y el Quédate en Casa empiecen a volverse flexibles?

En el manejo de la administración pública, un error o un acierto en las decisiones provoca una afectación en la población en tiempo presente y futuro.

No creo eso que dicen que el pueblo tiene los gobernantes que se merece. Se han dado casos en contrario en los que han hecho buen papel. Pocos, pero hay algunos ejemplos positivos.

En la elección, como ocurrió en México, los 30 millones de mexicanos que votaron a favor de Amlo, lo hicieron en la ola de coraje y desesperación que invadió al país. Se esperaba, conforme a tantas promesas del principal, que con un tercio de lo que dijo en sus 18 años de campaña, con eso nos diéramos por bien pagados. Pero no fue así.

Ese detalle de que primeros los pobres trajo la división de la población desde el principio con aquellos que no estamos en ese renglón: las clases medias y altas.

En ese tenor, uno de los miedos más grandes de todas las poblaciones son las confrontaciones, aquellas que ameritan el uso de la violencia como herramienta  para lograr un cambio y que predomina por sobre el único producto que tenemos en México en pro de las transformaciones estructurales: el voto.

Esa primera confrontación hecha por Amlo y relacionada con las clases sociales vino a reforzarse con uno de sus pronunciamientos hechos en sus mañaneras de este fin de semana, cuando dijo: “Antes los gobiernos se preguntaban qué hacer con los pobres; ahora la pregunta es qué hacer con los ricos”.

En esa ideología de lucha de clases, de confrontación que maneja, no ha comprendido que ni los pobres ni los ricos y los de clase media, han sabido vivir con zozobra, de hecho es lo más molesto que puede existir.

De allí que el desempleo de casi 750 mil en las últimas tres semanas, coloca a ese número de familias en un estado de miedo que se convertirá en un foco de infección que enfermará a este país de una manera irremediable y en el cortísimo plazo. Se calcula que a finales de este año el número de desempleados llegará al millón de los registrados ante el IMSS, es decir, los del sistema laboral oficial. ¿Se imagina cuántos empleados informales se irán a sumar?

Y claro está, Amlo trata de corregir la situación a salivazo puro: de allí que asegure que en este año dará empleo a dos millones de mexicanos… ¿cómo, de dónde?

Según los tiempos que observamos, los meses de junio y julio serán los que más negros para Amlo y su equipo de colaboradores que no han sabido cómo atajar las olas decepcionantes ante el fracaso económico, de salud y de imagen al exterior del país que nos afecta terriblemente.

Nos habla de buenos deseos con eso de que este año el PIB crecerá en un cuatro por ciento, cuando los conocedores hablan de decrecimiento menor a siete puntos, si bien nos va.

En los genes de la historia llevamos incrustados el millón de aquellos muertos de la revolución mexicana y el no nacimiento en ese período de quince años –1906-1920–, de dos o tres millones más de connacionales.

La historia nos ha demostrado que  la confrontación no deja nada, pues los pleitos ni ganados son buenos.

Ahora quiere que de alguna manera los pobres se enfrenten contra los ricos en esa obsoleta ideología marxista en la que el poder del proletariado debe preponderar sobre la burguesía acomodaticia, sin entender el presidente que esos esquemas ya no aplican en nuestros días.

Es un discurso débil toda vez que apoya sus proyectos como el tren maya en multimillonarios ya conocidos como Carlos Slim, es decir, hay de ricos a ricos. Los que están con él y aquellos que no están con él. Confrontación, pues.

¿Qué nos espera como pueblo?

Solamente dos opciones: caer en su juego y aceptar sus propuestas pleitistas apoyados por un Morena que busca legalizar la introducción a la vida privada del que más tiene vía Inegi o bien, encontrar el camino que busque frenarlo. Será una decisión que se deberá tomar en familia pues las consecuencias de este tipo de medidas afectará como núcleo de la sociedad, ¿por qué?

Pues porque el primer síntoma de todo este desbarajuste será que habrá hijos que deberán dejar de  estudiar para ponerse  a trabajar para poder mantener los gastos propios familiares. Y eso, desgraciadamente lector, lo vamos a ver este próximo ciclo escolar. Carajos.

 

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

 

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y Doctorado en Administración Pública. Es director general de Editorial J. Castillo, S.A. de C.V. y de CEO, Consultoría Especializada en Organizaciones… Cuando la unión de esfuerzos no es suficiente.

 

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