El último eslabón

Éste será uno de los primeros periodos electorales alimentado por el efecto COVID-19 en nuestro continente, y que nos dejará lecciones importantes para las campañas que se avecinan en México.

Por Carolina McPherson

México debe seguir muy de cerca lo que sucede en Estados Unidos, aún más ahora que se encuentra en la recta final de la carrera presidencial, el periodo más intenso donde los candidatos sacan lo último, en muchos casos dicen que lo mejor de su arsenal político y de comunicación para ganar la preferencia del electorado indeciso.

Para nadie es una sorpresa que el Presidente Donald Trump está detrás de Joe Biden en las encuestas, quien ha sido ratificado como candidato en la conferencia demócrata. Además, Biden ha sumado un gran acierto a su fórmula, la afroestadounidense Kamala Harris, que se convertiría en la primera vicepresidenta de estas características en Estados Unidos.

A todas luces y por todo lo que representa, es un símbolo que le pega a lo más radical del  “trumpismo”, un movimiento que se definió como la síntesis narrativa del pasado mítico de una nación pura, en clara referencia a la raza;  pero ese es otro tema. Lo interesante es que Harris, como buena progresista de los movimientos sociales de la década de los 60, llega con oportunidad a alimentar la relación del partido demócrata con los jóvenes y los grupos minoritarios, que han sido las víctimas favoritas de la violencia sistemática visibilizada nuevamente con el asesinato de George Floyd. Por ello, el nombramiento de una mujer poderosa, californiana, hija de migrantes, viene a darle el toque final a la campaña presidencial de Biden.

No podemos dejar de lado que éste será uno de los primeros periodos electorales alimentado por el efecto COVID-19 en nuestro continente, y que nos dejará lecciones importantes para las campañas que se avecinan en México.

Por ejemplo: el tema económico será el eje central. En todos los países donde se ha presentado, la pandemia ha dañado la economía. En Estados Unidos ha causado el golpe económico más grave desde la Gran Depresión de 1929; lo que echa por tierra el apoyo hacia la supremacía material de su país, parte toral del discurso de Trump. Esto ha provocado desacuerdo en  su base de votantes blancos y sin estudios universitarios, quienes reprueban el manejo de la crisis. Otro tema que se colocará en el centro del debate durante los días por venir, será el de las condiciones laborales del personal de salud, asunto que fue tocado en los discursos de la convención demócrata; y claro, el ingrediente no tan sorpresa: el énfasis en las promesas vagas e incumplidas del Presidente.

Por todo esto, la campaña ganadora será la que pueda capitalizar la empatía con el electorado, quienes se encuentran deseosos de un mensaje de unidad, en torno a los principios que tanto han faltado en estos últimos cuatro años desde la casa presidencial, como son el respeto, la tolerancia, la honestidad y la integridad, no sólo en palabras, sino en la realidad de los hechos. Así veremos durante las próximas semanas ese último esfuerzo de Biden y Harris por contrastarse con los antivalores que predica Donald Trump.

Un posible error sería dejar que el mensaje central de la campaña lo siga dictando Trump. Él se resiste a dejar de lado ese personaje que lo que lo llevó a la victoria hace cuatro años: el que alimenta el encono, promueve la división de clases, impulsa el enojo social, desprestigia a todo el que no piense como él, se burla del oponente y hace, en cada intervención, afirmaciones falsas y promesas vacías.

¿Qué podremos entender de nuestro vecino durante estas últimas semanas de campaña electoral? Ojalá que sea mucho. Pongamos atención y aprendamos la lección.

 

@caromcpherson

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