Cambio de prioridades

Sin duda, para las familias la manera de consumir ha sido modificada por la crisis, hoy somos más precavidos con el gasto y hemos aprendido a vivir con menos.

Por Carolina McPherson

 

Hace un tiempo, en una de mis materias de la maestría en finanzas, aprendí la máxima de la economía que dice “a mayor riesgo, mayor ganancia”, algo que no es muy difícil de comprobar en nuestra vida diaria, sobre todo, durante estos últimos meses en que la única constante es la incertidumbre.

 

Desde que el ser humano pisó la tierra, hizo lo posible por entender los fenómenos que pasaban a su alrededor, descubrió el día y la noche, provocando cambios cerebrales que le permitieron desarrollar el ciclo del sueño, así durante las horas de oscuridad podía resguardarse de los depredadores; tiempo después los grupos de nómadas analizaron los cambios de estaciones y establecieron rutas que les permitieron trasladarse a zonas más cálidas, en dichos lugares aprendieron las formas más eficaces de cosechar alimentos y así disminuir el peligro de morir de hambre; milenios más tarde instauraron formas de gobierno que les ayudaron a vivir con cierta estabilidad, lo que posibilitó el establecimiento de reinos y ciudades. Este tipo de hechos y más, aseguraron la supervivencia de la raza humana en el planeta a través de la adecuada gestión de riesgos.

 

La gestión de riesgos nace como una disciplina de las ciencias sociales que nos ayuda a visibilizar la mayor referencia posible del futuro para poder tomar mejores decisiones. Es utilizada por las empresas u organizaciones más exitosas, que siempre toman sus decisiones basadas en la información, pues si no lo hacen elevan su nivel de riesgo. Hasta hace ocho meses el riesgo al que se sometieron la mayoría de las empresas de nuestro país y del mundo entero parecía impredecible, pero una vez que apareció, los emprendedores como barco en altamar tuvieron que sortear los vientos y las mareas y utilizarlas a su favor o tal vez, desaparecer por el momento para resurgir una vez pasada la tormenta.

 

La última Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) del INEGI refleja que alrededor de 20 mil empresas formales e informales han cerrado sus operaciones y que en solo tres meses se perdieron un millón de empleos en nuestro país. Aunque no todo son malas noticias, pues según Nielsen Holdings PLC, empresa estadounidense de información, datos y medición, durante las primeras semanas de confinamiento las ventas de gran consumo se dispararon un 71% respecto a la misma semana de 2019 y los ingresos provenientes del comercio electrónico crecieron en 500% en México en lo que va de 2020. Importante mencionar que tan solo con el anuncio del primer caso en nuestro estado, se observaron las llamadas compras de pánico, sin olvidar las escenas de las pirámides de papel sanitario desbordándose por los carritos.

 

Y aquí viene algo muy interesante, la supervivencia de las empresas y de los hogares en la pandemia de Covid-19 ha dependido mayormente de dos factores, primero de la capacidad de resiliencia y adaptación a los cambios, segundo, de los nuevos patrones de consumo. Este último ya está siendo analizado por los expertos, pues el confinamiento cambió las prioridades de las personas, muchos se dieron cuenta de que necesitaban menos para vivir igual, que salir para lo esencial les permitió no sólo disminuir sus gastos, sino también distribuir mejor el ingreso familiar. Es posible que sin darse cuenta aplicaran al interior de sus hogares el concepto de gestión de riesgo, pues solo acudían al trabajo, salían a hacer compras limitadas como alimentos, productos de higiene y medicinas.

 

Sin duda, para las familias la manera de consumir ha sido modificada por la crisis, hoy somos más precavidos con el gasto y hemos aprendido a vivir con menos. Mientras que para las empresas será necesario reinventarse una vez más, escarbar en los escombros para encontrar las oportunidades y aprender a bailar con los nuevos ritmos. Todos debemos adaptarnos a lo que podría considerarse el mayor experimento social de nuestros tiempos. Entonces me viene a la mente otra máxima de la economía: rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Es tiempo de evolucionar.

 

@caromcpherson

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